Pensar, que algún día, no fuiste más que una perfecta amistad.
Que de a poco te fuiste convirtiendo en una preciosa ilusión,
que no podía concretarse; porque simplemente no debía ser así.
Con esfuerzos fui reprimiendo todos esos sentimientos,
y recuerdo que el peor día fue cuando tú, cuando tú me confesaste,
sin querer, que vivías lo mismo que yo, que lo que yo sentía por ti era recíproco.
Pero yo, tenía miedo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario