
Tanto tiempo estuviste aquí, yo llorándote en soledad, y tú creyendo en palabras que jamás salieron de mi boca.
Tanto tiempo me hiciste feliz, me hiciste dar cuenta que si se puede sufrir más, que a veces una palabra surgida de la nada puede solucionar un mal entendido.
Tanto tiempo ¿Y ahora qué? Todo está bien afirmaste, no hay rencores ni cuentas pendientes, ya no hay interés en hablar, en decir un “te quiero”, en preocuparnos uno por el otro, ya no está la “amistad” esa que te llevaba a hablarme tú primero, ya no hay ni un mínimo contacto, ya no hay razones para llorar, ni razones para querer volver a verte.
Todo quedará en la nada, tu te olvidarás de mi, y no te costará ni la mitad que a mi, aunque admito que serás un peso menos, un recuerdo más… Nunca te darás cuenta que te di todo sin merecerlo, que creé millones de sueños que tal vez te hubiesen agradado cumplir, pero no junto a mi.
Un camino que seguir, un adiós que debo decir, fotos que debo sacar de mi habitación, lágrimas que debo recoger, y matar esas ganas pasadas de querer besarte, ese amor que nunca creíste verdad. Olvidar el ritmo melancólico que le diste a mis canciones favoritas, tu mirada, olvidar la primera vez, la primera vez que te vi, la primera vez que compartimos aire real, que cruzamos rutinarias palabras, la primera vez que fuiste verdad, que comprobé que eras de carne y huesos, que tenia mucho para dar y creí que era todo para ti.
Creo en un próximo encuentro, aquel en el que acercarme a ti no sea toda una misión, en el que mis palabras fluyan con normalidad, en el que mi corazón siga latiendo y mi respiración no aumente su ritmo.
Aquel encuentro donde mi “chau nos vemos” no sea con esperanzas, un beso en la mejilla donde tú perfume se mezclará con el aire, y te dejaré ir sin luego hacer una mínima acotación sobre lo sucedido.